La vivienda es un derecho humano

La vivienda segura y asequible es un derecho humano fundamental. El acceso a la vivienda es un factor determinante sobre nuestros resultados de salud, nuestra oportunidad económica y nuestra movilidad social; sin embargo, debido a constantes aumentos, los precios de hipotecas hoy superan drásticamente a los salarios. Asimismo, hemos vivido un periodo de desinversión sistemática por parte del gobierno federal hacia la vivienda pública. Todo esto ha causado que la vivienda segura y estable esté fuera del alcance de muchas familias. La crisis de vivienda que afecta a todas nuestras comunidades se intensifica al tratarse de comunidades de bajos ingresos y comunidades de color, quienes han vivido marginalizados por culpa de políticas discriminatorias como la designación urbana distorsionada conocida como “redlining.”

La crisis de la vivienda es intergeneracional – desde niños que desarrollan condiciones crónicas de salud como resultado de condiciones inseguras, hasta familias que no pueden generar riqueza mediante la compra de una casa, hasta personas mayores que no pueden envejecer con tranquilidad porque ya no pueden permitirse el lujo de vivir en sus propias casas. Para resolver esta crisis, debemos responsabilizar al gobierno federal por su desinversión en viviendas públicas y cambiar drásticamente el rumbo.

De la mano con el aumento en la oferta de hogares seguros y saludables, debemos articular el vínculo entre nuestros hogares y el transporte público, la infraestructura peatonal y ciclista, los espacios públicos, la atención médica, las oportunidades para comprar alimentos saludables, y el acceso a excelentes escuelas, de modo que las familias puedan ser partícipes de toda la justicia económica que debe darles la vivienda estable.